imagen3

Supersticiones sobre gatos en el mundo: del gato negro al maneki-neko

Pocas criaturas han acumulado tantas interpretaciones contradictorias como el gato. El mismo animal, con el mismo comportamiento, es señal de fortuna en un país y presagio de desgracia a doscientos kilómetros de ahí. Recorrer esas creencias es una forma entretenida de entender que las supersticiones dicen bastante más sobre nosotros que sobre los gatos.

El gato negro, el caso más contradictorio

Empecemos por el clásico. En buena parte de Europa continental y en América Latina, que un gato negro se cruce en tu camino se interpreta como mala señal. La creencia tiene raíces medievales bastante concretas: en la Europa de los siglos XIII al XVII, los gatos —y especialmente los negros— quedaron asociados a la brujería, hasta el punto de que hubo persecuciones sistemáticas contra ellos.

Pero cruza el canal de la Mancha y la lectura se invierte. En el Reino Unido, y muy marcadamente en Escocia, un gato negro que aparece en la puerta de tu casa anuncia prosperidad. Las novias británicas recibían tradicionalmente un gato negro como regalo de bodas para asegurar un matrimonio feliz. Los marineros ingleses los preferían a bordo, no solo por su utilidad contra las ratas, sino porque se creía que traían buen viento.

En Japón el gato negro tampoco carga con mala fama: se lo considera protector contra los malos espíritus, y hubo épocas en que se recomendaba a las mujeres solteras tener uno para atraer buenos pretendientes.

El maneki-neko y la mano que llama

La figura del gato de cerámica con la pata levantada es probablemente el amuleto felino más reconocible del planeta, y casi todo el mundo lo interpreta mal. Esa pata no está saludando: en el gesto japonés tradicional para llamar a alguien, la mano se levanta con la palma hacia afuera y los dedos se mueven hacia abajo. El maneki-neko no dice adiós, está llamando a la fortuna para que entre.

Los detalles importan. Si levanta la pata izquierda, atrae clientes, por eso abunda en restaurantes y comercios. Si levanta la derecha, atrae dinero y buena suerte, y por eso se ve más en casas. Algunos levantan ambas, aunque en Japón hay quien considera eso un exceso de ambición. El color también significa: el blanco es pureza, el dorado prosperidad, el negro protección, el rojo salud.

Hay varias leyendas sobre su origen. La más difundida cuenta que un señor feudal se refugió bajo un árbol durante una tormenta y vio a un gato que, desde la entrada de un templo cercano, parecía llamarlo con la pata. Al acercarse, un rayo cayó justo donde él había estado. En agradecimiento, convirtió aquel templo humilde en un lugar próspero. El templo Gotoku-ji, en Tokio, sigue lleno de figuras de maneki-neko que los visitantes dejan como ofrenda.

Los gatos de tres colores y el mar

En Japón existe otra creencia específica sobre los gatos calicó —los de manchas blancas, negras y naranjas—, considerados especialmente afortunados. Los barcos pesqueros solían llevar uno a bordo para protegerse de las tormentas y los espíritus del mar.

Hay un detalle biológico que vuelve la superstición más interesante: los gatos calicó son casi siempre hembras, por cómo se heredan los genes del color en el cromosoma X. Un calicó macho es una rareza genética que aparece en aproximadamente uno de cada tres mil. Esa escasez real probablemente alimentó la fama de amuleto extraordinario mucho antes de que nadie supiera qué era un cromosoma.

El gato que se lava la cara anuncia visitas

Esta creencia aparece, con variantes, en lugares tan distintos como China, Inglaterra y varios países de América Latina. Si el gato se pasa la pata por detrás de la oreja, va a llover. Si se lava la cara mirando hacia la puerta, llegará visita.

Lo curioso es que la parte del clima tiene una explicación plausible. Los cambios de presión atmosférica y humedad previos a una tormenta afectan el pelaje y los senos nasales del gato, y pueden aumentar su acicalamiento. No es que el gato prediga la lluvia: es que la siente antes que nosotros. Las visitas, en cambio, son coincidencia pura y estadística generosa.

Los gatos del Ermitage y otros cargos oficiales

Algunas creencias derivaron en instituciones. El Museo del Ermitage, en San Petersburgo, mantiene desde el siglo XVIII una colonia de gatos con presupuesto y personal asignado. Empezó como medida práctica contra los roedores que amenazaban las obras, pero con el tiempo se convirtió en tradición protegida: los gatos tienen documentos, nombres registrados y un día de celebración anual.

Algo parecido ocurre en Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico, donde el cargo de Chief Mouser to the Cabinet Office existe formalmente. Y en la Torre de Londres, en el Capitolio de varios países, en bibliotecas y teatros de todo el mundo hay gatos con estatus reconocido.

Lo que todas tienen en común

Si uno mira el conjunto, aparece un patrón. Las supersticiones felinas casi siempre giran alrededor de dos temas: el umbral y la pertenencia. El gato que cruza tu camino, el que aparece en tu puerta, el que se instala en tu negocio, el que se queda en el barco. Lo que se interpreta como señal no es el gato en sí, sino su decisión de entrar o de quedarse.

Tiene sentido. El gato es de los pocos animales domésticos que conserva plenamente la opción de marcharse, y a lo largo de la historia la gente ha leído su permanencia como un mensaje. Sea buena o mala señal según la latitud, el hecho llamativo siempre es el mismo: eligió quedarse contigo.

Y ya que eligió, conviene que el mundo lo sepa. Una placa con su nombre no espanta la mala suerte ni atrae clientes como el maneki-neko, pero hace algo más confiable: asegura que si se aleja demasiado de casa, alguien pueda devolverlo.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra
Elige tu moneda
MXN Peso mexicano